A medida que pasan los días, voy dedicándoles más tiempo a los niños del orfanato, cuando en un principio me iba pronto para estar algo de tiempo con la familia de acogida, empiezo a irme cada vez más tarde y porque se van los niños a dormir que sino me quedaría toda la noche… mi familia de acogida lo comprende perfectamente pues el motivo de mi viaje es ayudar en el centro y además comprenden que haya cogido cariño rápidamente a los niños y que desee estar el mayor tiempo posible con ellos.
Durante el tiempo que paso con ellos una vez regresamos del entrenamiento, les ayudo con los deberes de la escuela y asisto a alguna de las clases que reciben de profesores particulares. Cenamos en torno a las seis o siete de la tarde, ya de noche y continuamos con los deberes hasta las ocho o las nueve que se van a la cama. Después disfruto de un paseo hasta mi casa con la sensación tan maravillosa de haber hecho algo productivo durante el largo día.
cualquier artículo por las calles y carreteras para poder comer cada día, todavía confío más en que se puede cambiar su destino y el de las próximas generaciones. Intercambio impresiones con Philip codirector del orfanato y me reconforta escuchar que su máxima motivación es ver el cambio que se está consiguiendo en la vida de esos niños y como a su vez podrán ayudar en un futuro a sus familias que residen en la comunidad de Bukom, una de las más pobres de la capital.